
Por: Julio Schiappa Pietra
La teoría del cambio investiga el origen de los procesos profundos de transformación psíquica, cultural y social que generan la transformación productiva, económica y social en la vida de las personas. Este proceso de indagación, que es hoy parte sustancial de la resolución y negociación de conflictos, es fundamental para evitar que una simple bala termine por hundir el Titanic de los megaproyectos mineros.
El problema parece estar en las concepciones que manejan muchas de las empresas mineras mas importantes del país, que no entienden el proceso de cambio que su actividad genera y el tremendo impacto social que han tenido sus errores de gestión social. Curiosamente son las empresas propiedad de peruanos y mexicanos, las que menos capacidad tienen de producir un cambio de rumbo. Las historias son de no creerse.
EL PESO DEL MIEDO
El proceso de miedo generado por procesos de cambio que la gente no entiende, es magistralmente descrito por el gran historiador peruano y famoso comentarista de fútbol, Efraín Trelles, en un reciente artículo publicado en la web POLITICO.COM.
Según Trelles en 1790, la situación de la minería era lamentable: diez años después de la gran rebelión de Túpac Amaru, los asentamientos mineros estaban en mal estado y sus posesionarios sin capital. Novedades en la amalgama —como el quicksilver— acá no habían llegado aún. Entonces el rey decidió enviar una misión secreta compuesta por tres alemanes expertos en minas.
El secretario de la así llamada misión Nordenflycht respondía al nombre de Anton Zacarías Helms y resultó ser un apasionado de la ciencia positiva. A Lima llegaron, a pie o a lomo de bestia, desde Buenos Aires. Y luego Zacarías insistió en volver a Huancavelica a aplicar la nueva amalgama. Fue bien recibido pero pronto chocó con la autoridad local, que lo acusó de hereje y le sembró pruebas de diabólico protestante.
Zacarías no se inmutó. Bajó hasta Lima y, como era agente secreto del rey, empapeló al intendente, lo redujo legalmente y subió triunfante de regreso a realizar pruebas. Esta vez lo acompañaba su esposa, a la que le dio soroche en Mama (Ricardo Palma). Al llegar a Huancavelica, lo hicieron retroceder poco menos que a pedrada limpia. Felizmente, escribió una crónica aún no traducida al español.
¿Saben con qué argumento logró el intendente poner a los lugareños en contra? Les dijo que los extranjeros no venían a mejorar la producción minera sino a cambiar a los trabajadores por máquinas de vapor. ¡Conste que faltaban cincuenta años para la llegada del vapor al Perú y sesenta para que Julio Verne encendiera las luces de la ciencia-ficción!
En lo más pelado del Ande —Huancavelica—, un intendente lograba instrumentar un psicosocial que ya quisieran haber imaginado Vladimiro Montesinos, Steven Spielberg u otros maestros.
No lo dude: el miedo funciona desde siempre en la minería. Y ha funcionado en Conga, Cañaris, Tia María. Y ese miedo es el que explica los grandes fracasos en muchos proyectos mineros vitales para el país. Allí está la población de Islay totalmente convencida de que la minería acabará con el agro y con su estilo de vida.
LO QUE LA SOCIEDAD DE MINERÍA LE RESPONDIÓ AL BANCO MUNDIAL
Hace tres semanas una muy seria misión del banco Mundial-Oficina del Perú, compuesta por lo mas graneado de los técnicos en medio ambiente y conflictos del organismo, se presentaron ante la directiva de la Sociedad Nacional de Minería. Después de meses de estudios, los del BM concluían que el Fondo Voluntario Minero, auspiciado por la gestión de Jorge del Castillo como Premier del gobierno 2005-2010, se había gastado sin generar un solo proyecto de desarrollo sostenible.
El Fondo, creado con los aportes voluntarios de las empresas mineras, había desarrollado proyectos por 5 mil millones de soles. Los del BM sostenían que el fondo había sido utilizado por las mineras casi exclusivamente para crear puestos temporales de trabajo, sobretodo en la fase pre operativa de las inversiones mineras. Acabada la fase pre operativa, los puestos de trabajo desaparecían y los del equipo del Banco Mundial sostenían que el dinero había sido malgastado y no invertido en proyectos productivos y de larga sostenibilidad.
Cuando terminaron su cuidadosa y diplomática exposición ante los directivos del gremio minero, los técnicos escucharon una respuesta inesperada. “La Sociedad de Minería y las empresas que la componen conocen perfectamente su trabajo de responsabilidad social. Tenían una gran experiencia al respecto. No estaban de acuerdo con las conclusiones del estudio y no pensaban implementar ninguna de ellas”.
Así de brutal fue la arrogante respuesta de los mandamases de la minería ante un organismo tan respetado como el BM, que incluso tiene inversiones establecidas en algunos mega proyectos mineros.
LO QUE LOS AUSTRIALIANOS LE DIJERON A YANACOCHA
En los días de crisis del proyecto Conga, una prestigiosa consultora australiana les dijo toda la verdad a los directivos de Yanacocha.
Los técnicos de la tierra de los canguros manifestaron que el primer gran error cometido por la empresa Yanachocha, fue haber transformado a la ciudad de Cajamarca en un enorme campamento minero. Agarretes, no fijaron su campamento en la Encañada, como era el diseño original, y transformaron a Cajamarca en una ciudad con 128 bares y discotecas, 4 mil prostitutas, generando una inflación en el precio de propiedades y alimentos que dispararon el costo de vida ¿Cómo iba a quererles la gente si tamaños impactos negativos fueron generados por la apropiación de la ciudad como si fuera parte de la mina?
Luego, siguieron punzantes los australianos, continuaron torpezas cometidas por la empresa en Choropampa (adonde mudaron a la población después de un proceso de derrame de mercurio) y Cerro Quillish (Yanacocha se quería volar el equivalente al Cerro San Cristóbal y dejar sin acuífero y paisaje a la ciudad para hacer una mina).
El resultado, dicho sin anestesia en una reunión del directorio, era que la marca Yanacocha estaba totalmente quemada y liquidada en la población de Cajamarca. Muerta la marca, muerta la credibilidad de la empresa. Asociar a Yanacocha con Conga fue un error fatal, del que sus socios de Newmont no pudieron desprenderse nunca. Cuentan que el shock fue total para los directivos de la empresa que vieron el humo de la derrota alzarse sobre sus cabezas. Ya era muy tarde, el proyecto Conga estaba perdido.
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